jueves, 28 de julio de 2011

Respóndeme algo.

Respóndeme algo, ahora que te veo,
¿Cuál fue realmente tu deseo?
Saboreas tus miedos ilusionado,
Encontrándote en ti extrañado.
Sintiendo sueños enajenados,
Respirando dolores endulzados,
Recordando tu tormenta en cielos claros,
¿Era realmente tu deseo?
Transmutar hasta ser totalmente nuevo,
Luchar desde cero por un respeto,
Recibir disparos nocivos y perfectos,
Volver a dudar, volver al averno,
Negar, traicionar, mentir.
¿Lograste estar contento?
Ahogar tu cielo en petróleos inciertos,
Sonreír, congelarte en un sueño de excesos,
Mentirte e imaginar que nunca hubo celos,
Aspirar el humo del engaño en silencio,
Cultivar caretas para lanzar al vuelo.
¿Adónde apunta tu titubeo?
Apunta a través de uno como el viento,
Apunta a la senda del ser certero,
Como una luz que libere del infierno,
Como un abrazo de calor en el invierno.
¿Cuál es realmente tu deseo?
Abrazos que quizá no sucedan, palabras que no sonarán, sonrisas efímeras, momentos inolvidables, pero que se descascaran al caer la noche, como cada vida, que me hacen volver a estar en mi cama contemplando el vacío, viendo las sombras de mis inseguridades, jugar con fuego, sacrificar el cuerpo, dejar atrás la sangre, querer ser alguien y aún sentirse nadie, dar tu mayor esfuerzo, ser perverso, maléfico, patético, ¿Egoísta? Un pecador, mentiroso, embustero. Un cobarde que esconde toda esta basura en un texto. El deseo es ser realista, ser sabio, ser sereno. Dejar de anhelar y depender, dejar de soñar y pretender. Ser quien uno es, dejarse llevar, conocer. Pero realmente, el mejor deseo es forjar de verdad, ser más, ser real, mejorar.
¿Qué estás dispuesto a sacrificar para pagar?

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